La herida

La herida no es cualquier fuego,
lleva en sí misma un nombre.
A veces vuela y otras cicatriza;
por dentro sigue siendo la misma herida
que alguna vez no fue más que un trozo de piel.
Dentro de una corteza aliviada.
Para entonces, el tiempo no había calad en ella.
Una herida que ahora está desgastada,
fracturada, rota y desecha.
Espera con ansias que la primavera reine en ella.

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Nueve pisos a pie

Trataré de reunir fuerzas y ganas de contar lo sucedido a modo de diario, con la esperanza que en un año Facebook me haga el recuerdo de esta publicación y quede como un trago amargo, como la constancia de una desgracia. El recuerdo de lo que fue saborear las bondades del socialismo. Y ruego porque yo lo lea desde un café con vista a alguna ciudad en ruinas de Europa.

Hoy, en horas de la tarde, caminaba por los pasillos de Pediatría en el Clínico Universitario. Disponía de poco tiempo para recoletar una información puntual. Al terminar mi jornada, los llantos de una madre me hicieron correr a través de la oscuridad y los suelos rotos del Clínico.

Su hija, una nena con siete meses de vida, fue hospitalizada el jueves a causa de una Leucemia. La bebé empezó a convulsionar. Sólo dos médicos estaban de guardia y se encontraban en Emergencia Pediátrica, un módulo que queda en la parte externa del hospital. Pediatría neonatal queda en el piso 9.

Trasladaron a la niña hasta Emergencias en un asensor. ”El asensor de las emergencias” lo llaman. En el Hospital Universitario no hay asensores sólo ese y para situaciones de extrema urgencia como la mencionada. Una enfermera preparó la solución para administrarle a la paciente.

Bajamos las escaleras a toda prisa esperando llegar a tiempo. Le hemos dado una connotación distinta a la frase ”Es de vida o muerte”, y yo, hasta ahora lo entiendo. La enfermera me explicó la situación de la bebé: ”Flaca, nosotros hacemos lo que podemos… es díficil. Yo cumpliré con bajarle el medicamento a Emergencias pero lo más probable es que no llegue a la noche”, me dijo, refiriéndose a la posible muerte de la menor.

No pude entrar a emergencias. El Gran Hermano le pone cadenas y esposas a quienes decidan no acatar la orden: restringir el acceso a este tipo de información.

Llegué a casa y sólo pude llorar. Me encontré rezando a un Dios que no conozco y que hasta ahora me sigue pareciendo injusto. Supongo que nos aferramos a algo, alguien, un ser supremo, una energía que no comprendemos; con la excusa de alimentar la esperanza y esa fe extraña que unas veces tenemos y otras perdemos.

Mi cara ardía por el extraño sentimiento que provoca la rabia, la desesperación, la angustia, la tristeza… las injusticias. Pedí por esa niña, por todos los niños que mueren día a día y no sabemos, por la impotencia, por las madres que ven cómo se le va apagando la vida -poco a poco,en cada suspiro- a sus hijos.

No es justo que las madres tengan que enterrar a sus hijos, esa parte de la ciencia y el ciclo de vida no me la explicaron. El régimen asesina a tus hijos, ¿Tú qué haces al respecto?
Maldita sea el socialismo una y mil veces.

916.445 km²

Así otras sean tus olas,
Así otras tierras camines,
así otro ambiente respires:
tu cicatriz no sana.

Venezuela deja marcas,
deja heridas.
Ya no eres de aquí
pero tampoco eres de allá.

Arrastras a tu paso una pesada carga
Al Norte del Sur un Mar Caribe,
una geografía garabateada que forma un mapa,
lo llevas a cuesta: duele.

No volveremos a ser los mismos.
Algo en nosotros ha cambiado,
nos han dejado una marca:
sangra, duele y trata de borrarse.

Tenemos otra huella dactilar,
un ADN sin forma de élice,
con 916.445 km².

La ironía del Día de la Poesía

Durante una conversación femenina debatiendo sobre los nuevos ‘modus operandi’ que nuestra generación ejecuta a la hora de conquistar a una mujer, reflexioné sobre la necesidad urgente de retomar esas viejas épocas de poesía, flores, libros y canciones. Ese esfuerzo al que muchos ya han renunciado o se han visto afirmando que pueden reemplazar a cualquier persona en sus vidas cuando no es así.


Lamento decirles que no funciona de esa manera. Hay almas que no pueden olvidarse, mucho menos conseguirles un reemplazo. La simplicidad de un paseo por algún parque se ha vuelto aburrido. Las pantallas de nuestros celulares se han vuelto más interesantes que los rostros de quien nos habla.

Ahora lo realmente valioso en los hombres (entiéndase como hombre y mujer) es el tiempo que está dispuesto a invertir en cultivar algo bonito, duradero, lleno de complicidad.


El jueves celebramos el Día de la Poesía -vaya descaro con los poetas- pero no pasa nada a veces sólo se escribe para uno mismo, sin saber a donde calan las letras ni a que distancia pueden volar. No pasa nada.

No pasa nada.

No pasa,

nada.

Ese es el problema: que no pasa nada.


Al final hay una bola de ingenuos dispuestos a darte la razón y servirle a la coherencia cuando en el fondo seguirán haciendo lo mismo de siempre: nada.
Somos la generación virtualmente, irónicamente ¡falsamente! conectados. La magia del 2.0 nos acerca a otros y nos alejas de los que sí están pero como ya lo he dicho: no pasa nada.

Nada.

No pierdas la guerra

Nadie se esfuerza sabiendo de entrada que perderá la guerra. Y no, en el amor no todo se vale;
A veces es mejor irte por lo seguro;
no arriesgar.

¿Recuerdas cuando te rompieron el corazón y estabas sólo
Ahí: recogias tus pedazos
entre escombros y cenizas.
Tratando de reparar,
Tratando de resurgir.
A todos nos han hecho pedazos.

No te culpo,
Aprendiste a protegerte de un modo tan seguro que es
imposible herirte…
Tal vez sólo quieres que te hagan sentir por
-una puta vez en tu vida-
algo normal.
Invierte tiempo en algo que no te pueda romper;
serás imparable: no podrán romperte.

Ya nadie se esfuerza sabiendo de entrada que perderá la guerra.

”Aunque en mi subconsciente busque el amor, yo huiré de eso.”

#FactsDeUnaEstudianteEnLaPública

Estudiando en una universidad pública, comprendiendo desde antes que la libertad plena de los individuos no está en la dependencia del Estado, me es difícil estar en un lugar en donde sí adoctrinan ideológicamente a los alumnos; de lejos son pocos los profesores que apelan al pluralismo, a la diversidad de pensamiento a la defensa de la libertad. Son pocos los que ayudan a desarrollar en sus alumnos esa cosa llamada autonomía. Cuando eres libre y autónomo no hay ideologías que puedan quebrantar tu lucha ni para lo que naciste. Para afrontar una universidad pública en Venezuela hace falta carácter y si de algo sirve la academia es para eso: aprender a tener carácter.

#FactsDeUnaEstudianteEnLaPública

Estudiando en una universidad pública, comprendiendo desde antes que la libertad plena de los individuos no está en la dependencia del Estado, me es difícil estar en un lugar en donde sí adoctrinan ideológicamente a los alumnos; de lejos son pocos los profesores que apelan al pluralismo, a la diversidad de pensamiento a la defensa de la libertad. Son pocos los que ayudan a desarrollar en sus alumnos esa cosa llamada autonomía. Cuando eres libre y autónomo no hay ideologías que puedan quebrantar tu lucha ni para lo que naciste. Para afrontar una universidad pública en Venezuela hace falta carácter y si de algo sirve la academia es para eso: aprender a tener carácter.

A ellos no les gustan inteligentes

Es mentira cuando un hombre dice que le gustan las mujeres inteligentes.

No siempre es así, a veces sólo les gusta que tengan una carrera profesional, un empleo, sean estéticamente hermosas… que formalice con un patrón ya establecido para cumplir con las funciones anheladas por ese hombre.

Cuando a un hombre le gusta de verdad una mujer inteligente, la deja volar porque le gusta ver el reflejo de sus alas cuando roza el sol. La quiere autónoma, la desea siendo ella misma –expresándose en libertad– y amándola porque no sabe que se esconde en su alma.

Cuando un hombre llega al corazón de una mujer inteligente se queda ahí sin importar lo que pase, sin importar cuanto tiempo nos lleve sanar.

Y es que podremos ser inteligentes pero somos muy brutas deseando al que no podemos tener, insistiendo en quien sale corriendo. Somos así y ojalá pudiera explicar por qué somos tan brutas cuando amamos.